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EL CALVARIO, LA CACA Y EL CORDERO

  • Foto del escritor: sinododelapeninsula 1988
    sinododelapeninsula 1988
  • 15 abr 2025
  • 6 Min. de lectura

Todo el espectáculo macabro que se orquestó en torno a la crucifixión de Jesucristo no fue una simple ejecución: fue una humillación cuidadosamente elaborada. El objetivo era claro: despojar al Hijo de Dios de toda dignidad. Fue exhibido, ridiculizado y degradado con saña y crueldad. Los soldados romanos le vendaron los ojos y jugaron el infame juego de “adivina quién te pegó”. Luego le tejieron una corona de espinas, no como símbolo de gloria, sino de escarnio, y le colocaron un manto y un palo en la mano como si fuera un cetro grotesco, una caricatura de realeza.


Sobre su cabeza, clavaron un letrero que decía: “El Rey de los judíos”. No fue una confesión de fe, sino una parodia sangrienta. Le escupieron. Le golpearon. Le obligaron a cargar su propia cruz —una burla cruel, una ironía terrible. La multitud no se portó mejor con él. Se rieron, se burlaron. Aun los ladrones crucificados a su lado se sumaron al menosprecio y el escarnio. Y allí, entre la risa y la humillación pública, colgaba el Cordero de Dios. El Santo. El Unigénito; despreciado y condenado.

Entonces clamó: “Tengo sed”. Y un soldado, veloz, empapó una esponja en vinagre, la colocó en una vara y se la ofreció. ¿Qué es esto? ¿Un destello de bondad? ¿Un gesto de humanidad? ¿Una cortesía hacia el agonizante? - No, tal acto, lejos de ser una muestra de compasión es en realidad, una burla cruel; un intento de llevar la humillación a su máxima expresión.

Porque no era cualquier esponja; un poco de investigación basta para hallar la conexión entre las esponjas y el excremento humano en la cultura del siglo primero:

La civilización romana, avanzada en infraestructura y servicios públicos —carreteras, acueductos, letrinas y baños— carecía, sin embargo, de un artículo fundamental: papel higiénico. En su lugar, usaban ESPONJAS atadas a varas. Estas esponjas, compartidas de forma comunitaria, se empapaban una y otra vez en agua de mar para limpiar los desechos humanos en los baños públicos. En aquellos tiempos, la gente tenía bien clara la conexión entre una esponja y las más execrables secreciones humanas; la caca.

Así que cuando el soldado levanta una esponja impregnada en vinagre, no le ofrece compasión, sino burla. No quiere ser cordial, le quiere causar vergüenza. No sacia su sed, la insulta. Y es que de entre todas las cosas grotescas y repulsivas que puede haber de burla, sin duda entre las más crueles y perversas se encuentra el tratar a una persona de esta manera, al grado de compararle con excremento. Aquel gesto resume, en una imagen repulsiva, lo que fue la vida entera del Salvador: humillación.


La CACA humana, y perdón que use un término tan común y coloquial, pero da igual si usamos términos más “refinados” como excremento, heces, inmundicia, materia fecal, estiércol – CACA es caca; no tiene valor, no es bella, no huele bien, no sirve, no se le atesora, no le sacas una selfie para presumirla – se le desecha – se le envía a lo más profundo del drenaje.

Pues bien, contra todo lo que pretende la humanidad, contrario a nuestros aires de grandeza y superioridad y en oposición a la megalomanía de nuestra cultura, la condición del ser humano tras la caída es equiparable a la caca:

 

  • A un rey que se las dio de muy soberbio, Dios le condenó a ser eliminado como caca (1Rey.14:10).

  • A Jezabel, esa bruja que corrompió a Israel, Dios le condenó a terminar sus días como caca (2 Rey.9:37).

  • El piadoso Job nos dice que no importa cuánto se llene el hombre de soberbia y altivez, al final termina pereciendo como insignificante caca (Job 20:6-7).

  • Jeremías anuncia que aquellos idólatras, paganos e infieles que se rebelaron contra el Dios verdadero, serán exhibidos y tratados como vil caca (Jer.8:1-2).

  • En la profecía contra Nínive, aquella “gran ciudad”, Dios termina sentenciando a sus habitantes a la vergüenza y maldición, reduciéndoles a nivel de caca (Nah.3:6).

  • Y Pablo el apóstol, nos recuerda que no importa cuántas ganancias obtengas en la vida; si te falta Cristo, todos tus logros, éxitos y triunfos no son sino una pila de caca (Fil.3:8).

 

Ahí lo tiene; aunque el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, y aunque el Señor le colocó por encima de la creación como un virrey, la corrupción del pecado le redujo a nivel de CACA

 

¿Alguien piensa que hay un gran “potencial” en el hombre? – La biblia habla del repugnante potencial del hombre: “Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (Rom 1:29-31).

 

¿Podemos pensar que son grandes nuestras cualidades y pequeños nuestros defectos?, bueno, la biblia nos retrata de otra manera “insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros” (Tit.3:3)

 

¿Podríamos decir que dentro de cada persona hay “semillitas de bondad”? Nuevamente, la biblia dice que producimos muchas cosas, pero no muy buenas: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas…” (Gal 5:19-21).

 

Un momento - de acuerdo, nadie es perfecto, pero no somos sólo maldad y pecado. Sí, somos “imperfectos”, pero también hacemos algunas cosas buenas ¿Qué no? tenemos ciertos gestos de bondad y humanismo, eso debe compensar en algo nuestros defectos ¿No es así? – Pues de nueva cuenta, la biblia reduce nuestros buenos gestos a nivel de CACA, de inmundicia: “Si bien todos nosotros somos como SUCIEDAD, y todas nuestras justicias como trapo de INMUNDICIA; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isa 64:6)

 

Lo siento mucho, pero NO, no somos especialmente buenos, ni admirables, ni maravillosos - el ser humano en su condición caída – corrompido, maldito y condenado – no vale más que la CACA. La cruz entonces NO es una señal de cuánto vale el ser humano, sino todo lo contrario – la cruz nos muestra nuestra vil, perdida y grave condición como humanidad.

 

¿Y qué está ocurriendo en la cruz del calvario? Pues que el Hijo de Dios, como SUSTITUTO, está asumiendo toda la maldad, la injusticia, la corrupción, la culpa, la desobediencia, la perversidad, la necedad y la rebelión, la falsedad y el error, la deuda y la maldición; la inmundicia y pudrición de la criatura a fin de redimirnos y reconciliarnos con Dios.

Nosotros merecíamos ser tratados como caca, no el cordero – nosotros merecemos la indignación de Dios, el desprecio del Dios Santo, ser expulsados de su reino como vil excremento, arder eternamente en el infierno como apestoso estiércol – ser vomitados del paraíso, ser condenados y malditos.

 

Nosotros merecemos esa cruz, donde la terrible pero justa ira de Dios se manifiesta contra todo transgresor – nosotros debíamos ser molidos por la severidad del castigo divino; y sin embargo, es el Cordero de Dios quien cuelga de la cruz, “El justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1Pe 3:18), El Padre y el Hijo se pusieron de acuerdo para librarnos de la inmundicia y el castigo eterno en un acto generoso e insólito de sustitución – “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2Co 5:21) – Este acto de sustitución le atribuye a Cristo nuestra maldad y suciedad y nos transfiere la justicia y santidad del Cordero “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gal 3:13).

 

Gracias a ese sacrificio supremo, los despreciables y malditos, ahora son bienvenidos en el reino de los cielos. Apreciemos la grandeza del sacrificio de Jesús y el calibre del amor de Dios. Jesús no tenía que morir por ti, pero lo hizo. Él no tenía que tomar tu inmundicia, pero por amor así lo hizo.

 

Contempla hoy la cruz con ojos limpios de orgullo. No te mires en el espejo de tu ego, sino en el espejo del Calvario. La cruz no te halaga, te humilla. Pero también te redime en Cristo. Te dice quién eres sin Cristo —una ruina impura y despreciable inmundicia— y te dice quién puedes ser en Cristo: un redimido, limpio y acepto en el Amado.

No minimices tu pecado, ni seas indiferente a su gracia. No adornes tu miseria, ni maquilles tu necesidad. Arrepiéntete. Cree. Adora. Abraza al Cordero que tomó tu lugar en el infierno y cargó tu inmundicia, Confía en aquel que con su sangre te lavó. Él bebió tu horrenda maldición, para que tú bebas la copa de su bendición.

Cuando el Cordero de Dios gritó “Consumado es”, humillado hasta lo sumo y con sus labios mojados con esa sucia y repugnante esponja, en ese último aliento se llevó tu pecado y tu inmundicia al infierno – así de grande es su amor.

 

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Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. (Isa 53:3).

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Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.  (Jn.19:28-30).

 
 
 

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